Sindicatos con más dinero

El sindicalismo es dueño, hoy por hoy, de un espacio social y de una fortaleza que años atrás no lograba recuperar. Eso le permite acceder a mayores recursos, lo que repercute, como en una rueda que gira, en la captura de más poder.

¿De qué viven los gremios?
¿Cuánto dinero controlan sus dirigentes?

Existen cuatro fuentes formales de las que beben las arcas de las organizaciones:

  • Las cuotas de sus afiliados.
  • Las contribuciones empresarias.
  • Los aportes “de solidaridad” cobrados a todos los trabajadores amparados por un convenio colectivo -que no se aplican en todos los casos, pero que en los últimos años se extendieron significativamente-.
  • Los aportes personales y contribuciones patronales que financian a las obras sociales.
  • A eso se suman otros fondos entregados en concepto de subsidios que directa o indirectamente y en algunos casos con destinos declarados como la capacitación, benefician a las entidades.

En 2007, se derivaron a ese sistema de salud 8260 millones de pesos (según datos de AFIP).
Aproximadamente, un 10% corresponde a entidades de personal jerárquico y el resto, a los sindicatos.
La cifra supera en un 30% a la de 2006 y esa suba es efecto de la creación de puestos laborales -lo que genera más obligaciones prestacionales- y también, en gran medida, del incremento de los salarios.

Los recursos de la salud:

La contribución de la parte empleadora es del 6%, al trabajador se le descuenta el 3% del sueldo.
En los últimos años, se otorgaron con frecuencia mejoras a los ingresos laborales mediante el pago de sumas “no remunerativas”: en la práctica, eso, por lo general, significa que sobre esos montos no se aporta a la jubilación y al PAMI, pero sí a la obra social y, en algunos casos, también al sindicato.

No todos los fondos recaudados se envían directamente a las obras sociales (desde las cuales, en varios casos, se deriva a su vez dinero a empresas prepagas, según la opción hecha por el empleado). Dependiendo del nivel salarial, una cifra equivalente al 10, al 15 o al 20% del aporte va a un fondo de redistribución que, como primera misión, debe garantizar que ninguna obra social reciba por afiliado menos de una cantidad determinada de dinero.

Una vez hecha esa distribución compensatoria, el dinero restante llega a la Administración de Programas Especiales (APE), que históricamente fue eje de cuestionamientos. La tarea de ese organismo, que en 2007 repartió $ 635 millones y que para este año tiene presupuestados $ 705 millones, es cubrir los gastos que realizan las obras sociales por tratamientos de alta complejidad o de enfermedades crónicas.

En 1998, cuando el fondo estaba a cargo del sindicalista José Luis Lingeri, la Auditoría General de la Nación había detectado la falta de comprobantes que justificaran el reparto de varios millones durante los noventa. Aquel informe se conoció justo días antes de que la Unión Obrera Metalúrgica recibiera un salvataje económico con fondos públicos.

La historia se repitió años después. A fines de 2006, la Sindicatura General de la Nación emitió un informe con severas críticas referidas a las acciones de la APE durante los seis años previos. Se cuestionó, entre otras cosas, la falta de comprobantes probatorios de los gastos, y de auditorías que permitieran establecer si se habían realizado las prestaciones o, incluso, si existían los beneficiarios a favor de quienes se habían gestionado los recursos. De la investigación, surgió que faltaban rendiciones de gastos por $ 330 millones.

En enero de 2006, asumió como autoridad de la APE Juan Rinaldi, un abogado muy allegado a Moyano. El dato despertó lógicamente suspicacias, pero a mediados del año último, otro informe de la Sigen concluyó que la nueva conducción había “logrado mejorar el control interno operante en el organismo”. Igualmente, la sindicatura apuntó que resta corregir varias falencias en los procedimientos, y al margen de esa auditoría, en el sector se oyen algunas quejas por supuesta discrecionalidad en cuanto a los plazos en que se paga a unas y a otras entidades.

Fuentes allegadas a Rinaldi defendieron la actual gestión y explicaron que la falta de rendición de cuentas advertida por la Sigen tuvo que ver con el sistema por el cual algunas prestaciones están alcanzadas por subsidios en lugar de financiarse con reintegros. La diferencia es que en el primer caso la obra social pide el dinero antes de realizarse el tratamiento médico y sólo después debe rendir cuentas, y en el segundo, solicita el reintegro cuando la prestación ya fue realizada.

“Ahora se tiende a concentrar más prestaciones bajo el método de reintegros”, explicaron las fuentes, que también aseguraron que se están revocando subsidios ya otorgados cuando no hay rendición de cuentas.

Desde un sector que no podría llamarse amigo del moyanismo, el abogado Horacio Meguira, asesor de sindicatos de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), apuntó que en la distribución actual de los montos no existe discriminación alguna a las entidades sindicales, según su filiación.

Por fuera de los fondos de la APE, en diciembre la Superintendencia de Servicios de Salud dispuso entregar $ 47,75 millones a un grupo de obras sociales, con la indicación de que deberán destinarse a planes de prevención.

La actividad sindical:

Los fondos que mantienen en marcha la actividad propia de los sindicatos no son tan identificables como los de las obras sociales. La recaudación de las cuotas sindicales no pasa por la AFIP, sino que va directamente a cada organización.

En las principales entidades, las cuotas de los afiliados se mueven entre el 2 y el 5% del salario. En los últimos años, se generalizaron las llamadas contribuciones solidarias, que implican descuentos, por lo general de entre el 1 y el 3% del sueldo, a quienes no están afiliados, pero se ven alcanzados por el convenio colectivo. El argumento es que el sindicato negocia aumentos que benefician a esos empleados.

De acuerdo con un trabajo del Observatorio del Derecho Social de la CTA, si se consideran los aportes (de trabajadores) y las contribuciones (de empresas) pactadas entre 2002 y 2006 en los convenios colectivos, la recaudación varía -dependiendo del sector- entre el 0,5 y el 6,5% de la masa salarial.

¿Qué control hay respecto del destino de los millones de pesos que surgen de esas fuentes? Según explicó Víctor Guida, director nacional de Asociaciones Sindicales del Ministerio de Trabajo, cada sindicato -hay cerca de 3000-debe efectuar una fiscalización interna a través de un cuerpo colegiado elegido por los afiliados. Los balances deben ser presentados luego a la Dirección Nacional, que controla si se cumplen los requisitos formales.

Las eventuales impugnaciones, según el funcionario, deben provenir de los afiliados o de terceros afectados y, a partir de las denuncias, la autoridad de contralor toma medidas, como la realización de auditorías externas. “Se hicieron ocho o nueve auditorías en los seis años que llevo acá”, señaló, tras comentar que no es muy común que se reciban impugnaciones.

No existe regulación sobre el destino que debe darse a los recursos. La excepción está en el caso de las contribuciones empresarias, que deben ser pactadas en el marco de los convenios, registrarse en una contabilidad separada de los aportes, y destinarse a un fin específico. Lo cual no significa que haya un control posterior. “¿Usted se metería con la plata de los sindicatos?”, se limitó a responder un referente empresario, consultado sobre el tema.

Según apuntó el abogado Lucio Garzón Maceda, asesor de entidades sindicales, la recaudación por contribuciones de solidaridad no debería ser aplicada al financiamiento de actividades regulares del sindicato, porque eso supondría una afiliación obligatoria. “Se puede establecer que quien se beneficia con una negociación colectiva pague [eso está de hecho respaldado por una ley], pero ese dinero tiene que estar destinado a ese servicio específico, a la negociación o al control de cumplimiento del convenio”, señaló. Y aclaró que no existen normas en ese sentido, pero sí jurisprudencia.

Según el informe de la CTA, el 64% de las cláusulas referidas a aportes de solidaridad fijaron como destino del dinero el “sostenimiento de la organización”, y sólo un 10% se pactó con la indicación de derivar los recursos a gestiones relacionadas con la suba salarial o la renovación del convenio.

Extractado de una nota firmada por Silvia Stang
de la Redacción de La Nación. 27/01/2008

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Lunes, 28 de Enero de 2008

Apoyo de médicos al incremento otorgado a las Obras Sociales

La Cámara de Instituciones de Diagnóstico Médico (Cadime) manifestó ayer su apoyo a la decisión del Gobierno nacional de incrementar los aportes a las obras sociales sindicales, lo cual redundará en una mejor atención.

“El problema central de la atención de la salud radica en la insuficiencia de los recursos financieros”, destacó Cadime a través de un comunicado de prensa que lleva la firma de su presidente, Guillermo Gómez Galizia.

Por eso, ante esta falta de financiamiento, la decisión del Gobierno “tiende a inyectar más recursos al sistema de las obras sociales”.

La cuota del monotributo incluye una parte impositiva (IVA y Ganancias) que varía según el monto de facturación y otros parámetros. La parte de obra social representaba hasta ahora 24,44 pesos. Esto le da derecho al afiliado a recibir la prestación médica. Además, por cada persona a cargo, el aporte adicional era de 22,22 pesos. Ahora, los nuevos valores serán, respectivamente, de 37 y 31 pesos.
De esta manera, inyectarán 50 millones de pesos mensuales a las arcas de las obras sociales, y también las prepagas, con las que comparte la atención médica.

Cadime consideró que con este mayor flujo de fondos “no habrá más razones que justifiquen el incumplimiento de los sucesivos aumentos arancelarios del 20 por ciento que fueron acordados a nivel de la superintendencia de Servicios de Salud tanto para 2007 como para 2008”. Según voceros sindicales, la cuota del monotributo para obras sociales estaba desactualizada frente al incremento de los costos de salud. Es por eso que la suba ya se venía desde hace casi un año.
El ajuste de las cuotas de monotributistas surge del decreto 1.901 de diciembre de 2006. Allí se fijó un valor mínimo garantizado que deben recibir las obras sociales según el sexo, edades y “riesgo médico” de los beneficiarios.

Diario Hoy
La Plata
25 de enero de 2008

COMUNICADO DE PRENSA DE CADIME:

EL AUMENTO DE RECURSOS DE LAS OBRAS SOCIALES DEBE LLEGAR A LOS PRESTADORES AFECTADOS POR LOS BAJOS ARANCELES QUE CONTINUAN PERCIBIENDO
La Cámara de Instituciones de Diagnóstico Médico –CA.DI.ME.- celebra, en primer término,  el paquete de medidas dispuesto  por el Gobierno Nacional y que tiende en definitiva a inyectar más  recursos al sistema de las obras sociales.
CA.DI.ME ha señalado reiterada y públicamente, que el  problema central  de la atención de la  salud radicaba en la insuficiencia de los recursos financieros debido a diversos factores que van desde las secuelas del estallido de la crisis del 2001 hasta el aumento general de los costos operativos acaecidos   hasta el momento; y que la solución a los diversos problemas en los distintos subsectores (financiadores, prestadores) era  precisamente volcar más dinero al sistema.
Ahora, frente a la expectativa de un importante flujo de nuevos ingresos para las obras sociales y las empresas de medicina prepaga que son contratadas por las primeras  para  atender a sus  beneficiarios, CA.DI.ME. manifiesta enfáticamente que no habrá más razones que justifiquen el incumplimiento de los sucesivos  aumentos arancelarios del 20%  que fueron acordados a nivel de la Superintendencia de Servicios de Salud para el año 2007 como para el año 2008.
La Cámara recuerda que las empresas  prestadoras de  la salud, son las que en definitiva realizan las prácticas de atención de la salud a la mayoría de los beneficiarios de la seguridad social,  y que desde mucho tiempo atrás vienen reclamando la fijación de aranceles éticos, mínimos y obligatorios.
También subraya  que las obras sociales habían acusado mejoras  en sus ingresos vía recuperación del salario y aumento del empleo, pero no hubo por ello una  justa actualización del nivel  arancelario y que ahora exigimos.

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Viernes, 25 de Enero de 2008

Darán más fondos a las obras sociales sindicales

Las obras sociales sindicales recibirán 300 millones de pesos más por año cuando entre en vigor un decreto, que está a la firma de la presidenta Cristina Kirchner, por el cual se elevará el tope salarial para calcular el aporte personal obligatorio a la cobertura de salud.

La modificación consiste en llevar ese tope de 4800 a 6750 pesos, y alcanzará a más de 350.000 trabajadores en relación de dependencia.

Según fuentes sindicales, la medida fue anunciada por la Presidenta a la cúpula de la CGT, liderada por Hugo Moyano, durante la primera reunión formal en la Casa Rosada, anteayer. Allí, los gremios se comprometieron a que sus pedidos de aumento salarial para este año se ajustarán al reclamo de “racionalidad y mesura” formulado por Cristina Kirchner, que en la práctica significaría no excederse del 20 por ciento.

De las 297 obras sociales sindicales, la medida beneficiará a aquellas cuyos trabajadores perciban salarios superiores a 4800 pesos (por ejemplo, los petroleros, supervisores metalúrgicos y minería). También, a las 23 entidades que reciben aportes de personal de dirección.

Por otra parte, sólo falta la firma del ministro de Economía, Martín Lousteau, para que se concrete el aumento en la cápita (pago por persona) que el PAMI abonará a los prestadores de salud. La decisión beneficia a 420.000 jubilados. Esta medida tendrá retroactividad al 1° de julio de 2007. Desde ese día y hasta el 31 de diciembre pasado, la cápita se elevará de 61,50 a 81 pesos, mientras que esa suma aumentará a 91,50 pesos desde el 1° de enero.

Esa medida surgió de una resolución dispuesta por la Superintendencia de Servicios de Salud y ya cuenta con la firma de los ministros de Salud, Graciela Ocaña, y de Trabajo, Carlos Tomada.

La iniciativa para incrementar el tope de aportes a las obras sociales sindicales también surgió de la Superintendencia que dirige Héctor Capaccioli, hombre de confianza del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

“Trabajamos desde mediados de 2006 y queremos de esa manera mejorar la salud de los beneficiarios”, señaló el gerente general de la Superintendencia de Servicios de Salud, José Bustos, en diálogo con LA NACION.

El funcionario reivindicó ayer la vigencia de la ley 23.660, de obras sociales. Y señaló que “ante cualquier manejo sindical que no correspondiera, debe quedar en claro que legalmente el 80 por ciento de los recursos de las obras sociales sindicales debe estar destinados a la salud” de todos los trabajadores.

Uno de los sindicalistas presentes en la reunión con Cristina Kirchner, celebrada anteayer en la Casa Rosada, admitió a LA NACION que fue la propia Presidenta la que confirmó que el Gobierno estaba decidido a darles impulso a los dos temas referidos a las obras sociales y a la cápita del PAMI. Es más, esa misma fuente gremial señaló que Cristina Kirchner anticipó que los decretos serían firmados de un momento a otro.

Aunque no se conocieron más detalles del decreto, LA NACION pudo establecer que el porcentaje del descuento sobre el salario mensual seguirá siendo el mismo, pero, a partir de la modificación que impulsará la Casa Rosada, se extenderá a los sueldos de hasta 6750 pesos.

En cambio, quienes tengan ingresos superiores a ese monto mensual sólo aportarán hasta ese tope fijado.

Por ejemplo, quien tiene hoy un salario de 6000 pesos aporta sobre 4800, que es el tope actual. El 3 por ciento es para la obra social y otra cifra similar va para el PAMI. En total, el trabajador sufre actualmente un descuento de 288 pesos mensuales.

En adelante se les descontará 360 pesos, es decir, 72 pesos más.

Siguiendo con esa escala, a quien gane 5500 pesos, se le descontará 165 pesos para la obra social y otro tanto para el PAMI; en el caso de 6000 pesos, el descuento aplicable será de 180 pesos para cada una de las imposiciones y el valor tope de 6750 pesos o más tendrá un descuento de 404 pesos, en total.

El efecto que se produciría por la disminución del sueldo de bolsillo se compensaría porque los aportes al sistema de seguridad social se deducirán de la base del cálculo del impuesto a las ganancias.

El tope para el aporte con destino al sistema de salud estaría igualando al que ya rige para el descuento para el régimen jubilatorio, que es del 11 por ciento.

Simultáneamente, las empresas deberán pagar más a las obras sociales como a las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART).

Encontronazos

Con la confirmación de que el Gobierno venía impulsando estas dos medidas, un sindicalista opositor a Moyano restó valor al reclamo de la CGT. “No era lo mismo luchar contra molinos de viento que hablar el mismo idioma”, dijo. Se trata de un dirigente cuyos trabajadores no llegan al nuevo tope para las obras sociales.

Sin embargo, un aliado del camionero defendió la decisión oficial. Una fuente consultada por LA NACION rechazó que “se piense en hacer caja cuando de lo que se trata es de dar un buen servicio de salud”. Completó: “Sostenemos la vigencia del sistema solidario de salud y la inclusión social. Los que más ganan tienen que ser solidarios con los que no tienen nada”. Y agregó que “la suba de las prestaciones médicas y de los costos sanitarios son muy grandes y han puesto al sistema en crisis”.

Este pedido sindical de aumento en el tope para el aporte con destino al sistema de salud no viene de larga data: “Se formuló como consecuencia lógica del crecimiento económico y a medida que los sueldos se incrementaron en paritarias. Quienes más ganan más deben ayudar”, explican en el ámbito gremial.

Durante el encuentro con la Presidenta, los sindicalistas pidieron convocar al Consejo del Salario Mínimo, y aumentos para jubilados y del mínimo no imponible, entre otras cuestiones.

Por Luis Laugé
De la Redacción de LA NACION
Jueves 24 de enero de 2008

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Jueves, 24 de Enero de 2008